DEL TENER AL DISPONER

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Nos gusta tener. Llevamos el consumo en vena, somos homo consumus. Es hasta patriótico, llevan años contando que sin consumo interno no hay economía, que el dinero no se redistribuye. Los valores de austeridad y contención ya quedaron atrás, la realidades sólidas han quedado atrás como la generación que las representó. Las grandes verdades se desvanecen -el cristianismo es un fake- y dan paso a una sociedad más provisional, precaria y yonqui de las novedades. El presente es líquido… y además es digital.

Pero una nueva generación asoma y pregunta ¿para qué tener si puedo disponer? Y disponerlo todo, ya, y en cualquier lugar. ¿Para qué tener si todo queda obsoleto, si acumular ata y cuesta dinero? ¿Para qué tener cosas que seguramente no use? Hoy, los dispositivos tecnológicos no se orientan tanto a acumular como a comunicar con nuestra nube. Pasamos de descargarnos y acumular música a escuchar por streaming. Pasamos de acumular dvds a darnos cuenta de que no tenemos ya reproductor para ellos. Hay una generación mochilera, ligera de equipaje, que no ve sentido a hipotecar su futuro para ‘tener’, sino que quiere ‘disponer’.

El tsunami digital se une a la modernidad líquida, y la cultura del streaming afecta a los pilares de la sociedad.

Hay mucho más. Las empresas se van hacia la nube, no acumulan, no necesitan servidores, ni discos duros, no necesitan un sitio fijo ni físico. En la vivienda, el mercado de alquiler no estaba en niveles tan altos desde los 60, airbnb ha revolucionado las vacaciones y el concepto de pisito en la playa. Hay más autónomos, la fuerza de trabajo se alquila cada vez más por proyectos. Hay menos parejas tradicionales, las redes sociales permiten una mayor rotación sentimental, surge la figura de amantes ‘suplentes’ o ‘planes b’… Del tener al disponer.

Quizá lo que mejor ilustre las consecuencias del paso del “tener al disponer” sea lo que conlleve el coche autónomo. Cuando llegue a nuestras calles, se dispondrá de él, se alquilará y compartirá con pasmosa facilidad, y mucha de la gente que hoy tiene un coche en propiedad dejará de tenerlo. Se tendrán menos coches, menos industria, más espacio para el peatón.

A principios del s. XX tener un automóvil empujó la revolución industrial, la sociedad de consumo y nuestro modelo de urbanismo. Más de un siglo después, disponer de un automóvil tal vez cambie todo eso.