Doctor Salaverri. Pionero en innovación tecnológica y social.

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El doctor Manuel Salaverri Aranguren (1883-1980) fue una figura tremendamente respetada y conocida en el ámbito médico y ortoprotésico en toda Europa.

Alfons Fernandez Sabaté en su increíble trabajo Nuestros Fundadores y Maestros en 1935 y 1947 de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología, documenta la biografía del doctor Salaverri que pasamos a resumir:

Era hijo de un mecánico ortopédico y que, al terminar el bachillerato, ya dominaba el empleo de su padre y en 1900 pudo presentar los aparatos que habría construido en una exposición que se celebró en París. Allí conoció a técnicos alemanes que le invitaron a asistir a la clínica de Hoffa en Berlín. A su regreso volvió a trabajar con su padre en el taller de técnico ortopédico y compaginó esta dedicación con estudios nocturnos en la Escuela de Artes y Oficios bilbaína. Para ampliar sus conocimientos en el campo de la fisiología y de la anatomía humana se hizo Practicante, que en nuestros días equivaldría a Enfermería. Su labor en el Hospital de Triano le puso en contacto con el director, que era el doctor Enrique Areilza, que influyó en la determinación del joven Salaverri de matricularse en la universidad para estudiar medicina.

Estudió medicina en la Universidad de Valladolid donde se licenció en 1909, a los 25 años de edad. Posteriormente (…) se doctoró en Madrid en el año 1914. Durante los últimos años de carrera ya empezó a hacer viajes de estudio al extranjero y acudió a las clínicas de Vulpius y de Hoffa en Alemania y de Adolf Lorenz en Austria. A lo largo de la vida fue el alemán el idioma científico de su predilección y el que le permitió asimilar las enseñanzas de los profesores Biesalski y Erlacher, que tanto le influyeron y que él, directo alumno de ambos, introdujo en la cirugía ortopédica española, como más adelante comentaremos.

Philip Erlacher (1886-1980), profesor de cirugía ortopédica de universidad austríaca de Graz escribió un tratado de “Ortopedia Operatoria. Tratado de operaciones relativas a todo el campo de la ortopedia”. Para su traducción fue elegido el doctor Manuel Salaverri, por su acreditada personalidad científica, por su conocimiento de la lengua alemana y por sus antecedentes de alumno de profesores ceuntroeuropeos a lo largo de sus viajes de estudio (…) con la publicación de este tratado en 1932 se rindió un magno servicio a los cirujanos ortopedas.

Su trabajo quirúrgico se desarrolla junto al doctor Areilza, con quien en 1913 colaboró en la creación de un “Proyecto de Escuelas y Talleres para lisiados con Clínica de Rehabilitación”. La idea del tratamiento global de los pacientes hasta conseguir su reintegración laboral y su autosuficiencia, en función de las capacidades conservadas y de su desarrollo y potenciación, será una de sus más constantes metas a lo largo de la vida profesional.

El doctor Salaverri fue pionero en innovación tecnológica y social: traumatólogo de prestigio, desarrollador de tecnología, descubrió la importancia de la atención integral… y fue un hombre solidario.

Podemos hacernos una idea de la autoridad científica del doctor y de las innovaciones que fue incorporando (mecánicas, materiales, rayos X…) pero ya empieza a sospecharse que el legado más importante de Manuel es el aspecto humano, y como prueba lo que también nos cuenta Alfons Fernandez Sabaté:

(…) Era el verano de 1912 cuando un hermano de la Orden Hospitalaria que postulaba en Bilbao llamó a la puerta de su casa: le invitó a entrar y se interesó por su actividad que era el pedir aportaciones para el Asilo de San Rafael de Madrid donde se atendían niños desvalidos. Comentaron que en Bilbao no existía un centro parecido y al hermano le propuso la fundación de uno similar, que él daría todo lo necesario. El hermano tomó buena nota del ofrecimiento, lo comunicó a sus superiores y la idea maduró hasta la firma del convenio entre la Fundación y la Orden Hospitalaria.

Se confió al doctor Salaverri la Dirección del futuro centro y participó en la asesoría al equipo de arquitectura, para que en los planos se tuvieran en cuenta las necesidades técnicas que él notificaba. Al cabo de años su labor se describió así: “El tratamiento médico-quirúrgico así como los planes de rehabilitación fisioterapéutica fueron dirigidos desde el principio por el prestigioso doctor Don Manuel Salaverri con su equipo de ayudantes. El doctor Salaverri, auténtico pionero en cirugía infantil del sistema óseo, y reconocida eminencia en la disciplina traumatológica, constituye el alma de la gran tradición que tiene el hospital de San Juan de Dios en el cuidado de tales enfermedades. Don Manuel permaneció como Director durante treinta y dos años hasta 1956.

Estas instituciones llegaron a multiplicarse en muchas naciones, y afirmaba el doctor Salaverri: “La experiencia ha enseñado que las múltiples exigencias de orden médico y pedagógico, para hacer del niño lisiado un individuo útil para la sociedad y de vida independiente, han de ser cumplidas en establecimientos adecuados en que pueda asumirse el plan íntegro médico y pedagógico que ha de conseguir los mayores beneficios”.

Otra pincelada que subraya el aspecto humano y compromiso social del doctor la encontramos en lo publicado por Juan Gondra en el periódico Bilbao (abril 2016). Y no era una época fácil para la solidaridad:

Durante la contienda civil sufrida entre 1936 y 1939, este centro llamado entonces “Hogar y Clínica de San Juan de Dios” sirvió como hospital primero para el bando republicano y luego para los franquistas. Pero consiguió mantenersiempre su actividad primordial de hospitalización infantil. Hasta junio de 1937 continuó bajo la dirección de Manuel Salaverri, con el médico ayudante Bruno Alegría, utilizado como hospital de convalecencia para soldados y también como centro de tratamiento ortopédico para mutilados de guerra. Tras la entrada de las tropas de Franco, pudo continuar con las prestaciones a los niños, a la par que servía como hospital militar de retaguardia y centro de Ortopedia hasta más de dos años después de finalizada la guerra. Tanto los Drs. Salaverri y Alegría como los frailes enfermeros continuaron prestando servicio, pues sus principios de ayuda al paciente no distinguían colores ni banderas.

La figura del doctor Salaverri, pese a ser desconocida por muchos, es enorme, en lo académico y en lo humano. Fue pionero en la rehabilitación “integral” y en el desarrollo de soluciones protésicas. Fue un innovador y usó la tecnología para que sirviera a las personas, también a las que no tuvieran recursos.

Somos porque fueron.

 

Fuentes: Fernandez Sabaté, Alfons: “Nuestros Fundadores y Maestros en 1935 y 1947 de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología” y Gondra, Juan: “El Hospital de San Juan de Dios en Santurtzi”  en el periódico Bilbao (abril 2016).

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