¿Habrá viejos en el metaverso?

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Hoy, lo viejo está en crisis. La sociedad postmoderna ataca a lo viejo desde unos cuantos frentes:

La eterna juventud. Nuestra sociedad de consumo y postureo estira la juventud hasta las puertas de la jubilación. La juventud, un constructo producto de la sociedad industrial, ha ido ensanchando sus márgenes hasta fagocitar lo que antes eran la infancia y la época adulta. Somos señores de mediana edad con mentalidad adolescente. ¿O somos adolescentes atrapados en cuerpos de señores de mediana edad? Llegamos a viejos sin darnos cuenta, porque vivimos en una sociedad que infantiliza y porque el paso del tiempo se vive internamente de manera exponencial. Pestañeas y te encuentras en los 60. La gente no lleva bien ser vieja, y mucho menos empezar a ser vieja (luego, cuando la situación es inconvertible, llega la fase de “aceptación”), y nunca como hasta ahora ha habido tanta diferencia entre la edad mental y la física. Todos queremos ser guapos, y lo guapo es joven. Y si no eres guapo, lo aparentas, con tratamientos estéticos, y si todo falla, con filtros en las fotos. Somos fotos, construimos nuestra identidad a partir del reflejo de nuestras fotos, con filtro, a través de las valoraciones de los demás construimos nuestra autoestima. La juventud es hermosa, el marketing lo hacen jóvenes para jóvenes. El mito de la eterna juventud hoy son apps que nos mantienen jóvenes.

No se acepta ser viejo, al menos al principio. Nadie quiere envejecer.

Lo digital. Lo digital es el aquí y el ahora. Es la ubicuidad, es el disponer, y no el tener. Es el saber buscar, hacerse las preguntas correctas, y no el atesorar conocimientos o el memorizar. ¿Qué valor tiene lo viejo? ¿La experiencia? En las sociedades anteriores cuidaban a los viejos, porque es humano, pero también porque los viejos atesoraban una experiencia vital -que solo ellos podían transmitir- para la supervivencia de la familia, de la comunidad, de la tribu. Antes los viejos facilitaban la transmisión de conocimiento. Ahora hay tutoriales.

El miedo. Generar miedo es consustancial al control social y al ejercicio del poder, además de a la venta de noticias. Pero quizá este mecanismo se esté recalentando: miedo a la crisis ambiental, a la subida del mar, miedo al COVID, miedo a un apagón… y miedo a la falta de sostenibilidad (del sistema de pensiones, de los cuidados). Antes había pocos viejos, cuidarlos era claramente sostenible. Pero ahora, el gran éxito del envejecimiento se suele traducir a un problema de sostenibilidad. Lo viejo da miedo, no encaja, no encaja ni la palabra “viejo”, y usamos quiebros semánticos para referirnos a lo viejo (silver, senior, personas mayores…). Lo viejo forma parte de la vida, concretamente en su última etapa… y eso da más miedo. No se acepta lo viejo porque no se acepta la muerte, ¿cómo hacerlo donde reina el consumo y el postureo? El triunfo de Halloween como fiesta supone esquivar una mirada a la muerte.

Si la gente no se considera vieja, no acepta ser vieja… ¿aceptará productos destinados a viejos?
¿Haremos bien en diseñar para una idea preconcebida y global de “viejos”?
¿Habrá viejos en el metaverso?

* Esta entrada forma parte de algunas reflexiones a trasladar a estudiantes de Máster de Diseño Estratégico, antes de marcar coordenadas conceptuales y experiencias sobre límites y condiciones de uso de los productos de consumo o productos tecnológicos por parte de las personas mayores.