Marco para Orientar y Ordenar la Tecnología

 In #Reflexiones, Codesarrollo, Discapacidad, Diseño, Envejecimiento

El Marco para Orientar y Ordenar la Tecnología es una propuesta que sitúa a la persona en el centro del desarrollo tecnológico, no solo como motor de innovación, sino para ordenar los recursos y resolver necesidades en clave de igualdad, participación y calidad de vida.

Queremos que la tecnología esté al servicio de las personas, y no al revés.  Queremos orientar los desarrollos tecnológicos y situar a la persona en el centro. Queremos una sociedad inclusiva en la que participe todo el mundo. Sabemos lo que queremos, pero no tenemos tan claro cómo hacerlo.

Algunas claves para encauzar la tecnología las puede aportar el marco conceptual de la discapacidad. Este marco -la CIF-OMS- entiende la discapacidad como un concepto que “abarca deficiencias, limitaciones de la actividad y restricciones a la participación”. Es decir, la discapacidad es una situación, de desventaja social,  y no es una característica de la persona (como morena o alta, por ejemplo).

Esto es clave para ordenar y orientar las intervenciones. Y en cierto modo también es revolucionario porque lo que cobra importancia es la necesidad y no la etiqueta, orienta hacia necesidades y no hacia colectivos (y tradicionalmente muchos recursos se destinan a colectivos y no hacia necesidades). Realmente este marco ayuda a analizar y mejorar la participación social y la calidad de vida, como ya se apuntó con la “discapacidad social“.

A mayor accesibilidad del entorno, menor desventaja social.

Así, una persona con problemas de movilidad estará en situación de desventaja social si el entorno no es accesible. A mayor accesibilidad, menor desventaja. Y al contrario, gente que ahora no está en situación de desventaja sí lo estaría si los escalones fuesen de un metro de altura, si se prohibieran las gafas… En consecuencia, muchas personas estarían en situación de desventaja si no pudieran utilizar tecnología para desplazarse o para comunicarse con los demás, ya que es una clara limitación de la actividad y restricción de la participación.

El tsunami tecnológico crea una brecha digital que provoca desventaja social.

Y existe una brecha cada vez mayor, un jet-lag o tecno-lag, entre lo que la gente quiere hacer y el conocimiento que tiene de una tecnología cada vez más necesaria para participar en sociedad. No solo pasa con la persona usuaria, sino con quien debe prescribir esta tecnología o usarla para los cuidados. Las competencias digitales son cada vez más necesarias para actividades básicas de la vida cotidiana y para los cuidados. La brecha digital que acompaña al tsunami tecnológico crea situaciones de desventaja social, entre gente con limitaciones especiales y sin ellas.

Así, las claves que ofrece el marco de la discapacidad para aumentar la participación social de las personas, son perfectamente transferibles al propósito de que la tecnología esté al servicio de las personas, por una sociedad inclusiva.

Las causas que hacen que una persona tenga limitaciones en su actividad y no pueda participar en sociedad suelen ser varias, producto de la relación compleja de unos factores externos, de unos factores internos y de los apoyos con que se cuenta entre estos espacios internos y externos. Los factores externos son el entorno en el que vive la persona, los factores internos son sus propias capacidades y, los apoyos, aquello que facilita la realización de tareas en el entorno inmediato, como una muleta o un traductor simultáneo.

Los factores para la participación social son también claves para ordenar la tecnología: la propia capacidad de la persona, los apoyos disponibles y un entorno inclusivo y accesible.

Ya tenemos una clave importante para ordenar la tecnología: 1) la que aumenta la capacidad de la propia persona, 2) la que aumenta la realización de tareas en un entorno inmediato y 3) la que está presente en el entorno, en la casa, en la calle, en la sociedad.

De modo muy esquemático, pueden ordenarse estos factores pensando en ellos como en capas que, en general, van superponiéndose: CapacidadApoyosEntorno, existiendo una cuarta capa “Macrosistema” que consistiría en la ética y los valores.

Las cosas pasan porque una cadena de cosas ha pasado antes. Del mismo modo que la accesibilidad depende de que todos los eslabones de la cadena sean accesibles (de nada vale un tren accesible si la estación no lo es),  será difícil que haya participación social si hay limitaciones en alguno de los niveles entre la persona y el entorno, y si, además, se carecen de apoyos.

Y aquí la segunda clave, para darle una orientación a la tecnología: para que la participación social sea plena no tiene que haber barreras en ningún nivel entre la persona y el entorno.

La idea de este “Marco para Orientar y Ordenar la Tecnología” es que haya un criterio para ordenar las respuestas tecnológicas que resuelven necesidades sociales (en clave de igualdad, participación y calidad de vida). Con orden se articulan mejor las respuestas a las necesidades, se identifican los cuellos de botella. ¿Qué pasa si en alguna de las capas no hay recursos? Pasa que tampoco hay participación social, que no se pueden ejercer los derechos, que se menoscaba la dignidad de la persona. Hay que usar constantemente una clave de “accesibilidad” entre las capas, cuando un eslabón falla, la cadena desaparece.

Como una primera aproximación, el Marco para Orientar y Ordenar la Tecnología debería articularse en torno a estas capas, debería asegurarse de que la tecnología facilite la ejecución de tareas en todas ellas y debería servir para identificar necesidades sin cubrir.

  1. AUMENTO / CUIDADO DE CAPACIDAD FÍSICA Y COGNITIVA: Monitorización, prevención, activación…
  2. APOYOS CERCANOS: productos de apoyo, altavoces inteligentes, asistentes, domótica…
  3. ENTORNO ACCESIBLE: domótica, smart-city, TICs usables y comprensibles…
  4. VALORES Y CREENCIAS: solidaridad, cohesión, tecnología social.


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