Encauzando el tsunami tecnológico (1/2)

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Queremos que la tecnología esté al servicio de las personas, y no al revés.  Queremos orientar los desarrollos tecnológicos y situar a la persona en el centro. Queremos una sociedad inclusiva en la que participe todo el mundo. Sabemos lo que queremos, pero no tenemos tan claro cómo hacerlo.

Algunas claves para encauzar la tecnología las puede aportar el marco conceptual de la discapacidad. Este marco -la CIF- entiende la discapacidad como un concepto que “abarca deficiencias, limitaciones de la actividad y restricciones a la participación”. Es decir, la discapacidad es una situación, de desventaja social,  y no es una característica de la persona (como morena o alta, por ejemplo).

Esto no es buenismo insustancial, sino que es clave para ordenar y orientar las intervenciones. Y en cierto modo también es revolucionario porque lo que cobra importancia es la necesidad y no la etiqueta, orienta hacia necesidades y no hacia colectivos (y tradicionalmente muchos recursos se destinan a colectivos y no hacia necesidades). Realmente este marco es trasladable a cualquier análisis de participación social, como ya se apuntó con la “discapacidad social“.

A mayor accesibilidad del entorno, menor desventaja social.

Así, una persona con problemas de movilidad estará en situación de desventaja social si el entorno no es accesible. A mayor accesibilidad, menor desventaja. Y al contrario, gente que ahora no está en situación de desventaja sí lo estaría si los escalones fuesen de un metro de altura, si se prohibieran las gafas… En consecuencia, muchas personas estarían en situación de desventaja si no pudieran utilizar tecnología para desplazarse o para comunicarse con los demás, ya que es una clara limitación de la actividad y restricción de la participación.

El tsunami tecnológico crea una brecha digital que provoca desventaja social.

Y existe una brecha cada vez mayor, un jet-lag o tecno-lag, entre lo que la gente quiere hacer y el conocimiento que tiene de una tecnología cada vez más necesaria para participar en sociedad. Las competencias digitales son cada vez más necesarias para actividades básicas de la vida cotidiana. La brecha digital que acompaña al tsunami tecnológico crea situaciones de desventaja social, entre gente con deficiencias físicas y sin ellas.

Así, las claves que ofrece el marco de la discapacidad para aumentar la participación social de las personas, son perfectamente transferibles al propósito que iniciaba este post: tecnología al servicio de las personas, por una sociedad inclusiva.

Con esta entrada se ha querido mostrar por qué este marco nos parece adecuado para el propósito. En próximo post apuntaremos al cómo.